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Detener el actual consumismo insostenible, recuperar la biodiversidad que estamos perdiendo a pasos agigantados y afrontar de una vez el cambio climático son las tres prioridades que son imprescindibles para salvar nuestro planeta.

Por ejemplo, el 2018, fue el cuarto año más cálido registrado, fue uno en el que se batieron lamentables marcas, ni una sola región del mundo se salvó de los efectos de la alteración del clima, desde los super tifones en Filipinas y el sur de China hasta las sequías extremas en Argentina y Ciudad del Cabo, en Sudáfrica.

Consumo sostenible y producción

En 2017, los recursos extraídos de la tierra alcanzaron 90.000 millones de toneladas métricas y menos del 10 por ciento de esos recursos fueron reciclados nuevamente a la economía. Además, millones de toneladas de plástico fluyen hacia nuestros océanos, con consecuencias devastadoras para la vida marina.

Los teléfonos que todos usamos se construyen normalmente con al menos 60 metales diferentes, desde el grafito hasta el silicio y el oro. 

Mientras tanto, en el otro extremo de la cadena de producción y consumo, cada año se generan alrededor de 45 millones de toneladas de desechos electrónicos, por un valor aproximado de 55.000 millones de dólares. Y esta cifra está creciendo, mientras se recicla o reutiliza menos del 20% de esa basura.

 Los niveles de desechos representan un riesgos para la salud humana, el cambio climático y el desarrollo: filtran las toxinas en los suelos y las capas acuáticas, afectan la calidad del agua que bebemos y emiten metano, que contribuye al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los niveles crecientes de desechos electrónicos desechados representan riesgos para la salud humana, el cambio climático y el desarrollo: filtran las toxinas en los suelos y las capas acuáticas, afectan la calidad del agua que bebemos y emiten metano, que contribuye al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

 

 

 

 

 

 

 

 

Frente a esos retos, existen distintos ejemplos de medidas que reducen la sobreexplotación de recursos naturales o eliminan la contaminación, como por ejemplo la decisión de la cadena de hoteles Hilton de reducir en un 50% el consumo y desperdicio de agua o la de Costa Rica y la India de prohibir los plásticos de un solo uso.

Pérdida de la biodiversidad

También vinculada a nuestros hábitos de consumo y producción insostenibles está la pérdida de la biodiversidad.

Nuestro uso de la tierra y los recursos para alimentar nuestra economía conduce a la destrucción de ecosistemas y hábitats vitales.

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En un informe publicado recientemente , se observa que la extracción y el procesamiento de los recursos amenaza gravemente la biodiversidad. Además, desde 1970, la extensión de los humedales en Europa y Asia Central ha disminuido en un 50%. Alrededor del 40% de la tierra en Asia occidental está en riesgo de desertificación.

El impacto potencial en la salud, la economía y la sociedad de la pérdida continua de biodiversidad es tremendo. Por ejemplo, el valor económico que genera la naturaleza en las Américas se estima en aproximadamente 24,3 billones de dólares anuales.

Cambio climático 

Otro de los grandes enemigos es el cambio climático, que amenaza la salud, los ecosistemas naturales, la agricultura, las economías, la salud y la seguridad.

El cambio climático también está vinculado a los hábitos insostenibles de consumo y producción. Es de conocimiento qué el 53% de las emisiones son causadas por la extracción y el procesamiento de recursos.